
lunes 6 de octubre de 2008
mirala!... la viste?

martes 18 de marzo de 2008
perdón por la locura, Emanuel
“Si los micros ya salieron no vayas”, fue la recomendación de sus padres esa tarde. Emanuel llegó a tiempo a Liniers y se subió a uno de los últimos colectivos de la caravana de 40 micros que llevaría a los hinchas al estadio de San Lorenzo. Esa era, hasta el sábado pasado, la forma más segura de seguir al Fortín de visitante.
Una bala, disparada por un cobarde asesino, lo alcanzó cuando la fila de vehículos con custodia policial pasaba frente a “la Quemita”, el predio de Huracán. Orificio de entrada, pero no de salida. Un mal presagio. Una 22 había entrado en el cuerpo del pibe y destrozado todo a su paso. Nada se pudo hacer cuando ingresó en paro en el hospital al que lo trasladaron. Emanuel murió.
Lo de la hinchada de Velez en el Nuevo Gasómetro era previsible. Hicieron todo lo posible para que el partido se suspendiera. Y lo lograron. El sentido común indica que jugar el encuentro hubiese sido una riesgosa tarea. Era la tarde del sábado, la sexta fecha del Clausura, y el fútbol argentino sumaba la muerte 16 de los últimos tres años.
¿Hubiera servido suspender la fecha entera para terminar con la violencia?. Tal vez no para eso. En otros casos se ha hecho y la gente siguió muriendo. Sin embargo, parar la pelota, hubiese sigo un gesto. Una señal de luto, al menos. Una acción necesaria por parte del fútbol para acompañar a esos padres que perdieron a su único hijo por cometer la “osadía” de querer ir a un estadio. Los gestos, en las sociedades desarrolladas, son necesarios. Y son los dirigentes los que deben impulsarlos. No solo pensar en el negocio y en los compromisos comerciales.
Así como ocurrieron las cosas este fin de semana, la vida de un pibe, para el fútbol, parece no valer nada.
Perdón por la locura, Emanuel.
Emanuel en su fotolog. http://www.fotolog.com/el10_depalermo/
domingo 20 de enero de 2008
viernes 4 de enero de 2008
morir por nada
El 2007 se fue con record: murieron más personas en accidentes de tránsito que en el año anterior. Y el pronóstico para el que recién comienza no es bueno, más bien todo lo contrario.
Este texto que sigue lo escribió Arturo Pérez Reverte en 1994. Se titula “Carta a un Imbécil”. Tomate algo de tiempo para leerlo. Vale la pena. No tengo dudas de que te identificarás. Con el autor o con el destinatario de su texto… uno de los tantos imbéciles que abundan en nuestras rutas.
CARTA A UN IMBÉCIL (Arturo Pérez Reverte)
Querido imbécil: No llegarás a comerte las próximas uvas, porque de aquí a un año estarás muerto. Y cuando digo muerto quiero decir muerto de verdad, criando malvas para los restos. No palmarás, te lo comunico, de forma heroica, ni útil, ni siquiera natural. Habrás fallecido estúpidamente, a ciento ochenta y en un cambio rasante, o una curva, justo cuando pongas para ti mismo cara de duro de película y metas gas, intrépido, jaleado por música imaginaria o real, creyéndote el rey del mambo. Lo peor del asunto, discúlpame, no será tu pellejo; que al fin y al cabo - salvo para ti mismo y algún familiar- no valdrá gran cosa al precio a que lo vas a vender. Lo malo es que te llevarás por delante, quizás, a gente que ningún interés tiene en acompañarte en el viaje: amigos incautos, la familia que vaya de vacaciones en el coche opuesto, el peatón, el camionero que trabaja para ganarse la vida. Sería más práctico y más limpio, ya puestos a eso, que acelerases hasta doscientos y te estamparas en bajorrelieve contra una pared, que es un gesto más íntimo y considerado. Pero sé que no lo harás así, por que en lo tuyo no hay voluntad de hacerte pupita. Cuando llegue será de forma imprevista, y aún tendrás tiempo de poner ojos de esto no me puede ocurrir a mi antes de romperte los cuernos y quedarte, como dicen los clásicos, mirando a Triana para los restos. Llevo varios años viéndote pasar a mi lado por carreteras y autovías, abonado al carril izquierdo, dándome las luces para que te deje, en el acto, franco el paso. A veces te pegas a un palmo del parachoques trasero, confiando siempre, ante mi posible frenada, en la sólida mecánica de tu coche y en tus proverbiales reflejos y sangre fría. En la intrepidez de tu golpe de vista y en el valor helado, sereno, que tanta admiración despierta a tu alrededor y, en especial, en ti mismo. Guapo. Machote. Que eres un virtuoso. Mira, voy a confiarte un secreto. Somos tan frágiles que te temblarían las manos si lo supieras. Todo cuanto tenemos, que parece tan sólido y tan valioso y tan definitivo, se va al carajo en un soplo, en un segundo, al menor descuido nuestro y al menor guiño del azar, la vida, la condición humana. Basta un insecto, un virus, un trocito de metal en forma de metralla o bala, una gota de agua o de aceite sobre el asfalto, un estornudo, una cualquiera de esas bromas pesadas con las que el Universo se complace en pasar el rato, y tú y todo lo que tienes, y todo lo que representas, y todo lo que amas, y todo lo que fuiste, lo que eres y lo que podrías haber sido, se va al diablo y desaparece para siempre sin que vuelva nunca jamás. Así nos iremos todos, claro. Pero unos se irán antes que otros. Y a ti, querido, te toca en 1994 la papeleta. Claro que a lo mejor me mato yo antes. O a lo mejor me matas tú. Pero yo sé que eso puede ocurrirme cualquier día en cualquier sitio, porque mi condición es mortal. Mientras que a ti ni siquiera se te ha pasado por la cabeza. Lamento no poder comunicarte las circunstancias exactas en que efectuarás -afortunadamente- tu último adelantamiento. Ignoro si tu nombre quedará sepultado en las estadísticas de operaciones retorno, puentes o fines de semana, o si merecerás tratamiento individual, tal vez con foto de hierros y retorcidos pies asomando bajo una manta -siempre se pierde un zapato, recuerda, no uses calcetines blancos- en las páginas de un diario o, incluso, con suerte, en un informativo de la tele. Pero las circunstancias de tu óbito me traen al fresco. Como ya sabes que no suelo cortarme en esta página, diré que ni siquiera me importas tú. Hay quien afirma que toda la vida humana es sagrada, y puede que sea cierto. Pero no resulta menos cierto que ya he visto desaparecer unas cuantas vidas, y que algunas me parecen menos sagradas que otras. En cuanto a la tuya, y me refiero a tu vida personal e intransferible -salvo que creas en la reencarnación-, allá cada cual si quiere pagar tan caro el dudoso placer de cabalgar a caballos de hojalata que devoran a su jinete. Y no vengas con eso del amor al riesgo y el vivir peligrosamente. Conozco a mucha gente que sabe perfectamente, de grado o por fuerza, lo que es riesgo y la vida peligrosa. Gente que sí merecen que derramen lágrimas por ella cuando le pican el billete, en lugar de lamentar la desaparición de fulanos como tú; de tipos incapaces de valorar la vida que poseen y que por eso la malgastan. Qué sabes tú del riesgo, capullo. Y de la muerte. Y de la vida. Que tengas buen viaje.
sábado 24 de noviembre de 2007
historia de una foto que horrorizó al gobierno
Demos gracias a Dios (o a quien quieras) que el gobierno no controla internet. Temí que quisieran hacerlo cuando estaban de romance con sus pares chinos, conocedores si los hay de como censurar la web. (Perdón que me vaya de tema: ¿qué pasó con las millonarias inversiones de China anunciadas por el casi ex Presidente?). Volviendo a la censura: imagino que si en estos días hubiesen podido controlar internet la foto de la aun Primera Dama sin maquillaje nunca hubiese aparecido en los blogs en los que se difundió. En los diarios nacionales no se la vio, según cuentan por el lobby que realizó la Casa Rosada.La imagen sorprende e impacta. No porque uno no pueda imaginar que la Presidenta electa le da en algún momento del día un respiro a los poros de su cara, saturados de bases hipoalergénicas y rouge, sino porque la instantánea ha sido definitivamente un descuido del operativo photoshop que el gobierno montó en torno a ella. Ella misma ha reconocido que se pinta como una puerta o bromeado con que lo primero que le pidió a su madre al nacer fue rouge. El problema es que su confesada coquetería contagió y obsesionó desde hace tiempo a un gobierno al que una imagen de Cristina a cara lavada puede afectarlo más que el derrumbe del precio de la soja (lo que no es poco pensando en los réditos de las retenciones al agro).
Cuentan que fueron turistas españoles los que se encontraron con la pareja presidencial de vacaciones por la Patagonia. Que ambos accedieron sin problemas a registrar el momento con una sonrisa. Claro que el resultado de la instantánea debe haber llamado la atención de los mismísimos visitantes que no tardaron en hacer correr el archivo. Desde entonces la imágen no para de circular en internet. Conocedores de lo que podría generar su difusión, en la foto completa, con los cuatro en escena, los casi terroristas ibéricos tienen sus rostros cubiertos (no vaya a ser cosa que a la SIDE se le ocurra pedir explicaciones por tamaño golpe a la imagen del gobierno).
Sería bueno aclararle al ejército estético que rodea a la próxima Presidenta, que no habrá rouge que tape una mala gestión de gobierno. Y que solo por eso la terminarán juzgando los argentinos los próximos cuatro años. Al fin de cuentas, un par de ojeras bien llevadas no son para tanto. Lo importante es lo de adentro, Cristina. ¿O era al revés?. Ufa!. Con tanta imagen retocada ya ni me acuerdo.
Cristina. A cara lavada. /Imagen: www.blocdeperiodista.com
Rostros cubiertos. Por si acaso!! /Imagen: www.taringa.net
martes 20 de noviembre de 2007
para Aníbal que lo mira por TV
Durante los más de 4 años de gobierno de Néstor Kirchner sus funcionarios y el propio Presidente plantearon la falsa dicotomía de que la única alternativa a la mano dura es la nula política de seguridad que aplicaron. Balas o libre albedrío sonaría el falso enunciamiento. Nada más lejos de la realidad esa mentira.
Sin embargo, esta encuesta del Centro de Estudios para la Opinión Pública encierra una gran paradoja. Siendo la mayor preocupación de los argentinos, la inseguridad fue un tema casi olvidado por los candidatos presidenciales en las últimas elecciones. La mudez de la candidata oficial, sumada a la incapacidad de la oposición de generar agenda, borró de la campaña un tema de necesario debate. Positivo, tal vez, que no se haya ensuciado con la retórica propia de la búsqueda de votos: la cuestión requiere de políticas de estado y consenso en serio. Una pena, sin embargo, que no haya sido parte de un necesario y maduro debate político. La economía se impuso a cualquier otro problema en las urnas, absolutamente lógico tras el debacle que depositó en 2002 a más de la mitad del país por debajo de la línea de pobreza.
¿Qué seguridad queremos los argentinos?… Esa es una charla que nos debemos. Si algo quedó claro el 28 de octubre es que definitivamente no pretendemos la que pregonan los de mano dura. La mayoría de los candidatos que recorrieron la provincia augurando balas a los delincuentes, se hundieron en la inconsistencia de los votos y en la indiferencia de la gente. Tal vez haya sido una muestra de madurez social, una señal de que algo parecemos haber aprendido… ¿O ya no nos acordamos que con esas promesas llegó Ruckauf al máximo sillón bonaerense?... Sí, claro, fue 2 años antes de huir como rata en medio de la debacle provocada por una clase política que lo tuvo como protagonista.
Resolver cómo se puede vivir más seguro en Argentina es y será uno de los máximos desafíos de Cristina Fernández. Al menos si entendemos que no es una cuestión ideológica pretender que a uno no lo maten por tres monedas en la esquina. Claro que no ha sido auspicioso el preludio del gobierno que se viene: el mismo funcionario que habló de sensación y le echó la culpa a los medios seguirá a cargo del manejo de la Seguridad. Un premio para el escaso sentido común del tercer Fernández que habrá desde el 10 de diciembre en Balcarce 50. Seguirá Alberto y estará la Presidenta. Comparte apellido. Esperemos no comparta ceguera, soberbia e inoperancia para resolver el problema que, al menos hoy, más le preocupa a los argentinos.
Seguridad. Encuesta CEOP /Gráfico Clarín.
martes 13 de noviembre de 2007
domingo 11 de noviembre de 2007
alguien tenía que hacerlo
Las críticas contra empresas españolas no fueron pocas en el tramo final de la accidentada Cumbre Iberoamericana de Santiago. Pero no fueron ellas las que sacaron de las casillas al monarca. “Por qué no te callas!” le gritó Don Juan Carlos de Borbón a un desorbitado y desubicado Hugo Chávez. Habrá que hurgar en los anales de la diplomacia monárquica española para no encontrar en toda su historia un gesto siquiera parecido. Fueron sus interrupciones al Jefe de Gobierno español José, José Luis Rodríguez Zapatero y sus descalificativos para con su antecesor, José María Aznar, lo que irritó al Rey que terminó abandonando la sala tras el reto público al Presidente Venezolano.
Cruel muestra de la realidad actual de Latinoamérica escuchar a un mandatario de políticas e iniciativas reñidas con la práctica democrática calificar de fascista a uno elegido por el pueblo de una de las democracias más admiradas desde este lado del planeta. Costará coincidir hoy con no pocas de las políticas aplicadas por Aznar, fundamentalmente aquella de apoyar la guerra, pero suena trasnochado cuestionar su legitimidad. Curioso es que esos cuestionamientos lleguen de parte de un hombre que dio un golpe de estado en su país aún antes de buscar por las urnas un mandato. Un militar que una vez en el poder, barrió y destrozó sistemáticamente la diversidad de opinión en Venezuela, que hizo desaparecer la tolerancia de ideas si es que esas son ajenas al pensamiento del régimen chavista. Ya no hay grandes medios de comunicación independientes en Caracas, él se encargó de cerrarlos. Sin embargo le cuesta detener a los jóvenes que salen en masa a la calle para rechazar a un Presidente que promueve una nueva Constitución para garantizarse la reelección indefinida, buscando la perpetuidad, de parentesco nulo con la práctica democrática.
Comparto con el vicepresidente cubano Carlos Lage al menos parte de su concepto acerca de que no solo los votos dan legitimidad a un presidente. Son sus actos, luego de ser elegido, los que lo legitiman ante su pueblo. Acaso la humanidad no podrá olvidar jamás que Hitler fue votado por los alemanes antes de convertirse en un monstruo. Claro que suena llamativo que la frase la diga el vicepresidente de un pueblo donde poco se sabe de votar y de elegir libremente. ¿Votarían los cubanos a Fidel si hubiese elecciones libres en la isla?... Tal vez sí. Tal vez Castro seguiría siendo El Jefe. De poder ser así, nunca lo sabremos. Amparado en su revolución Fidel no se arriesga a este tipo de “detalles menores”. Eso de votar libremente no está muy bien visto en Cuba.
En Chile Chávez comprendió cual es el límite de su influencia y de su patético histrionismo. El silencio cómplice de una Sudamérica necesitada de los petrodólares del venezolano no encuentra eco en el resto del planeta. Argentina aun paga los costos de la unilateral reprogramación de su deuda. La quita que no convenció a una parte sustanciosa de los bonistas extranjeros cerró los mercados externos para el financiamiento, lo que generó una casi dependencia por parte del Gobierno de Kirchner del dinero chavista a la hora de colocar bonos. No es caridad bolivariana lo que lo empuja a Chávez a prestarle a Argentina. Más bien lo es el jugoso negocio que significa, con buenos dividendos para una y otra orilla. Buenos negocios los que se ven públicamente y aun más grandes los otros, esos que Guido Antonini Wilson dejó expuestos con su valija de los 800 mil dólares. La caja de pandora se abrió aquella madrugada, aunque habrá que esperar la llegada de un nuevo gobierno, como no pocas veces en la Argentina, para que algún Juez se digne a hacer justicia al amparo de otro color político.
Verdaderamente alguien lo tenía que hacer. Alguien tenía que decirlo. Aunque hacerlo callar a Chávez no arregle nada, no deja de ser un buen comienzo.
Porqué no te callas! El reto a Chavez /Imagen EFE
sábado 4 de agosto de 2007
el plan b
Mi amigo de pocos pelos entra al despacho del Presidente sin problemas. Lo llama Néstor, a secas. Incluso ha sido testigo de no pocas escenas cotidianas del mandatario en la Casa Rosada. Un verdadero privilegio para quien se dice periodista ante un gobierno que no destila precisamente cariño hacia la actividad y hacia quienes la realizan. Por eso creo en lo que me dice y cuenta.
Para él aun no hay nada dicho. Lo de Cristina es una decisión ya pública, claro, pero puede no ser definitiva. Lo dice y no se inmuta. Sabe que aun no le creo, y argumenta con criterio y argumentos de quien sabe y comprende como natural lo que otros ignoramos por no conocer esa cocina política.
Ella es la candidata, me dice. Eso quiere Néstor. Pero aun más sueña con conservar el poder desde Balcarce 50. Si no sube en las encuestas, va a ser él el candidato.
Su rostro no se perturba. Imagino que no pasa lo mismo con el mío, fiel alcahuete de cuan sorprendido me encontraba ante su revelación. Sorprendido y aun incrédulo, a pesar de saber de quien venía.
El pretendido plan b, si realmente existiera, si no se equivoca mi amigo, tiene fecha de vencimiento. Poco menos que un mes. Es lo que falta para que cierre la fecha legal de presentación de listas para las elecciones de octubre.
¿Cuál va a ser el argumento para anunciarlo públicamente?, le pregunto. Él solo tiene para darme una sonrisa. La charla terminará y se irá sin responderme esa pregunta.
Las encuestas no son creíbles, pienso. Al menos las que se hacen públicas. Por dinero y no por sintonía política no escasos encuestadores han hecho añicos su credibilidad en los últimos años. La caja que logró impensados y conversos kirchneristas en Argentina, también hizo florecer los sondeos a pedido que buscan la manipulación pública. Aunque no siempre sirva. Lo sabe el gobierno y lo padeció Rovira. Ganaba en todas las encuestas excepto en una. Perdió, es sabido, haciendo añicos sus deseos de perpetuación en el poder misionero y golpeando duro al gobierno.
Una segunda vuelta es un escenario de catástrofe. Demasiado riesgo, dicen. Es lo mismo que una derrota, aunque el ballotage lo sobrepasen con un triunfo. Claro que la oposición no ayuda. Los segundos aparecen lejos en la intención de voto. Claro que en las mismas encuestas a pedido.
Para Cristina es ahora o nunca. Un segundo mandato de Néstor generará un lógico desgaste y un escenario de riesgo. Lo dejaron claro estas últimas semanas, impensadas para el gobierno, días de renuncias, sospechas de corrupción, denuncias judiciales y funcionarios imputados.
¿Será eso en verdad lo que está aun en juego en la Casa Rosada?... ¿Será aun más profunda la pelea pública que se evidencia entre los más poderosos ministros del gabinete?... ¿Será que algunos aun empujan a Néstor?... ¿O solo es otra jugarreta pública para conservar el poder hasta el último día?…
Si no me lo hubiera dicho él, realmente no lo creería. Pero sé que mi estimado colega no me mentiría. Al fin de cuentas la existencia del plan b tal vez explique tantos nervios en los últimos días.
Plan b. Por ahora es ella... No descartan que sea él...
jueves 2 de agosto de 2007
no entendieron nada
La política argentina suele ser obscena. Desgraciadamente mucho más obscena de lo deseado. Y mucho más seguido de lo aconsejado. En verdad son los políticos los que con sus obscenidades vacían de contenido la política, tan necesaria como los partidos que la sostienen para el crecimiento de la democracia. Lo obsceno, no pocas veces, se hace evidente. Suele ser la impunidad con la que se mueven la que los empuja a creer que "todo pasa" y que la gente "no se da cuenta". A veces se equivocan, por suerte.
El último regalo de nuestra clase política es realmente hermoso. Entre gallos y medianoches, entre sombras y oscuridades absolutas, la Cámara de Diputados bonaerense dio media sanción a un proyecto de ley que permitirá que no pocos políticos-funcionarios se jubilen muchos más jóvenes que cualquier hijo de vecino y con escasos años de aportes. Un rapto de sinceridad obsceno de nuestra clase política que quiere demostrarnos y gritarnos en la cara que no todos somos iguales ante la ley. Ellos, estimados amigos, son distintos.
A saber: la norma otorga una jubilación de privilegio a ex gobernadores, vices y legisladores con tan solo 4 años de aportes jubilatorios, pagados con dinero público durante sus mandatos (son 30 años de aportes para cualquier pobre jubilado). No es todo: en uno de sus artículos indica que los intendentes podrán jubilarse a los 50 años de edad, 15 antes que cualquier trabajador argentino. ¿Cuánto cobrarán?. Otro privilegio: el 50 % de lo que cobra un intendente en actividad, movilidad de haberes garantizada, algo que, a pesar del pedido de la Corte Suprema de Justicia, no tiene garantizado ningún jubilado argentino aunque la ley hable del 82 % móvil.
Si no fuera porque la norma se hizo pública, el Senado hubiese dado sanción definitiva. Pero el escándalo no tardó en llegar cuando trascendió. El Presidente manifestó su rechazo y el Gobernador Solá amenazó con un veto. Por eso se paró. Pero no se derogó. El proyecto sigue estando vivo y legalmente activo en el Congreso bonaerense. ¿Que quiere decir?. Que la posibilidad de sanción aun esta latente y en un año muy particular. En diciembre, antes de que asuman las nuevas autoridades electas en octubre, los actuales legisladores tendrán su última sesión ordinaria para aprobar todo aquello que no han aprobado hasta ahora. Pasa en los finales de mandatos. Son esas maratónicas sesiones donde se aprueban sin nada de debate decenas y decenas de normas postergadas. Algunas intrascendentes, otras no tanto. ¿Alguien puede asegurar que no se apruebe esta polémica iniciativa aquel día, si serían los propios legisladores parte de los beneficiados?. Nadie puede asegurarlo. Solo queda estar atentos, para que nuestros congresistas no olviden que deben garantizar la igualdad ante la ley. Para que recuerden que ellos son iguales a quienes los votaron.
Que paradoja. Quienes están hoy en cargos públicos son los que "quedaron". Los que sobrevivieron a aquel "que se vayan todos" de 2001. Aquella sociedad que reclamaba profundos cambios dirigenciales, pero que no tuvo la constancia de sostener el reclamo cuando lo peor de la debacle había pasado. Los que habían escondido la cabeza bajo el suelo, muchos de ellos impresentables, volvieron. En verdad nunca se fueron. La amnesia social hizo el resto.
No solo se quedaron. Siguen haciendo de las mismas, o peores que las de antes. Peores porque la caja, post devaluación, es más grande y hay mucho más por repartir. Y ellos, esta claro, quieren una tajada grande. Definitivamente, no entendieron nada.
Justicia. Versión bonaerense /Imagen Mundo Perverso
viernes 20 de julio de 2007
puto el que lee esto
Nunca encontré una frase mejor para comenzar un relato. Nunca, lo juro por mi madre que se caiga muerta. Y no la escribió Joyce, ni Faulkner, ni Jean-Paul Sartre, ni Tennessee Williams, ni el pelotudo de Góngora.Lo leí en un baño público en una estación de servicio de la ruta. Eso es literatura. Eso es desafiar al lector y comprometerlo. Si el tipo que escribió eso, seguramente mientras cagaba, con un cortaplumas sobre la puerta del baño, hubiera decidido continuar con su relato, ahí me hubiese tenido a mí como lector consecuente. Eso es un escritor. Pum y a la cabeza. Palo y a la bolsa. El tipo no era, por cierto, un genuflexo dulzón ni un demagogo. "Puto el que lee esto", y a otra cosa. Si te gusta bien y si no también, a otra cosa, mariposa. Hacete cargo y si no, jodete. Hablan de aquel famoso comienzo de Cien años de soledad, la novelita rococó del gran Gabo. "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento..." Mierda. Mierda pura. Esto que yo cuento, que encontré en un baño público, es muy superior y no pertenece seguramente a nadie salido de un taller literario o de un cenáculo de escritores pajeros que se la pasan hablando de Ross Macdonald.Ojalá se me hubiese ocurrido a mí un comienzo semejante. Ese es el golpe que necesita un lector para quedar inmovilizado. Un buen patadón en los huevos que le quite el aliento y lo paralice. Ahí tenés, escapate ahora, dejá el libro y abandoname si podés.No me muevo bajo la influencia de consejos de maricones como Joyce o el inútil de Tolstoi. Yo sigo la línea marcada por un grande, Carlos Monzón, el fantástico campeón de los medio medianos. Pumba y a la lona. Paf... el piñazo en medio de la jeta y hombre al suelo. Carlitos lo decía claramente, con esa forma tan clara que tenía para hablar. "Para mí el rival es un tipo que le quiere sacar el pan de la boca a mis hijos." Y a un hijo de puta que pretenda eso hay que matarlo, estoy de acuerdo.El lector no es mi amigo. El lector es alguien que les debe comprar el pan a mis hijos leyendo mis libros. Así de simple. Todo lo demás es cartón pintado. Entonces no se puede admitir que alguien comience a leer un libro escrito por uno y lo abandone. O que lo hojee en una librería, lea el comienzo, lo cierre y se vaya como el más perfecto de los cobardes. Allí tiene que quedar atrapado, preso, pegoteado. "Puto el que lee esto." Que sienta un golpe en el pecho y se dé por aludido, si tiene dignidad y algo de virilidad en los cojones."Es un golpe bajo", dirá algún crítico amanerado, de esos que gustan de Graham Greene o Kundera, de los que se masturban con Marguerite Yourcenar, de los que leen Paris Review y están suscriptos en Le Monde Diplomatique. ¡Sí, señor -les contesto-, es un golpe bajo! Y voy a pegarles uno, cien mil golpes bajos, para que me presten atención de una vez por todas. Hay millones de libros en los estantes, es increíble la cantidad alucinante de pelotudos que escriben hoy por hoy en el mundo y que se suman a los que ya han escrito y escribirán. Y los que han muerto, los cementerios están repletos de literatos. No se contentan con haber saturado sus épocas con sus cuentos, ensayos y novelas, no. Todos aspiraron a la posteridad, todos querían la gloria inmortal, todos nos dejaron los millones de libros repulsivos, polvorientos, descuajeringados, rotosos, encuadernados en telas apolilladas, con punteras de cuero, que aún joden y joden en los estantes de las librerías. Nadie decidió, modesto, incinerarse con sus escritos. Decir: "Me voy con rumbo a la quinta del Ñato y me llevo conmigo todo lo que escribía, no los molesto más con mi producción", no. Ahí están los libros de Molière, de Cervantes, de Mallea, de Corín Tellado, jodiendo, rompiendo las pelotas todavía en las mesas de saldos.Sabios eran los faraones que se enterraban con todo lo que tenían: sus perros, sus esposas, sus caballos, sus joyas, sus armas, sus pergaminos llenos de dibujos pelotudos, todo. Igual ejemplo deberían seguir los escritores cuando emprenden el camino hacia las dos dimensiones, a mirar los rabanitos desde abajo, otra buena frase por cierto. "Me voy, me muero, cagué la fruta -podría ser el postrer anhelo-. Que entierren conmigo mis escritos, mis apuntes, mis poemas, que total yo no estaré allí cuando alguien los recite en voz alta al final de una cena en los boliches." Que los quemen, qué tanto. Es lo que voy a hacer yo, téngalo por seguro, señor lector. Millones de libros, entonces, de escritores importantes y sesudos, de mediocres, tontos y banales, de señoras al pedo que decidían escribir sus consejos para cocinar, para hacer punto cruz, para enseñar cómo forrar una lata de bizcochos. Pelotudos mayores que dedicaron toda su vida, toda, al estudio exhaustivo de la vida de los caracoles, de los mamboretás, de los canguros, de los caballos enanos. Pensadores que creyeron que no podían abandonar este mundo sin dejar a las generaciones futuras su mensaje de luz y de esclarecimiento. Mecánicos dentales que supusieron urgente plasmar en un libro el porqué de la vital adhesividad de la pasta para las encías, señoras evolucionadas que pensaron que los niños no podrían llegar a desarrollarse sin leer cómo el gnomo Prilimplín vive en una estrella que cuelga de un sicomoro, historiadores que entienden imprescindible comunicar al mundo que el duque de La Rochefoucauld se hacía lavativas estomacales con agua alcanforada tres veces por día para aflojar el vientre, biólogos que se adentran tenazmente en la insondable vida del gusano de seda peruano, que cuando te descuidás te la agarra con la mano.Allí, a ese mar de palabras, adjetivos, verbos y ditirambos, señores, hay que lanzar el nuevo libro, el nuevo relato, la nueva novela que hemos escrito desde los redaños mismos de nuestros riñones. Allí, a ese interminable mar de volúmenes flacos y gordos, altos y bajos, duros y blandos, hay que arrojar el propio, esperando que sobreviva. Un naufragio de millones y millones de víctimas, manoteando desesperadamente en el oleaje, tratando de atraer la atención del lector desaprensivo, bobo, tarado, que gira en torno a una mesa de saldos o novedades con paso tardío, distraído, pasando apenas la yema de sus dedos innobles sobre la cubierta de los libros, cautivado aquí y allá por una tapa más luminosa, un título más acertado, una faja más prometedora. Finge. El lector finge. Finge erudición y, quizás, interés. Está atento, si es hombre, a la minita que en la mesa vecina hojea frívolamente el último best-seller, a la señora todavía pulposa que parece abismarse en una novedad de autoayuda. Si es mujer, a la faja con el comentario elogioso del gurú de turno. Si es niño, a la musiquita maricona que despide el libro apenas lo abre con sus deditos de enano.Y el libro está solo, feroz y despiadadamente solo entre los tres millones de libros que compiten con él para venderse. Sabe, con la sabiduría que le da la palabra escrita, que su tiempo es muy corto. Una semana, tal vez. Dos, con suerte. Después, si su reclamo no fue atractivo, si su oferta no resultó seductora, saldrá de la mesa exclusiva de las novedades VIP diríamos, para aterrizar en algún exhibidor alternativo, luego en algún estante olvidado, después en una mesa de saldos y por último, en el húmedo y oscuro depósito de la librería, nicho final para el intento fracasado. Ya vienen otros -le advierten-, vendete bien que ya vienen otros a reemplazarte, a sacarte del lugar, a empujarte hacia el filo de la mesa para que te caigas y te hagas mierda contra el piso alfombrado.No desaparecerá tu libro, sin embargo, no, tenelo por seguro. Sea como fuere, es un símbolo de la cultura, un icono de la erudición, vale por mil alpargatas, tiene mayor peso específico que una empanada, una corbata o una licuadora. Irá, eso sí, con otros millones, al depósito oscuro y maloliente de la librería. No te extrañe incluso que vuelva un día, como el hijo pródigo, a la misma editorial donde lo hicieron. Y quede allí, al igual que esos residuos radioactivos que deben pasar una eternidad bajo tierra, encerrados en cilindros de baquelita, teflón y plastilina para que no contaminen el ambiente, hasta que puedan convertirse en abono para las macetas de las casas solariegas.De última, reaparecerá de nuevo, Lázaro impreso, en la mano de algún boliviano indocumentado, junto a otros dos libros y una birome, como oferta por única vez y en carácter de exclusividad, a bordo de un ómnibus de línea o un tren suburbano, todo por el irrisorio precio de un peso. Entonces, caballeros, no esperen de mí una lucha limpia. No la esperen. Les voy a pegar abajo, mis amigos, debajo del cinturón, justo a los huevos, les voy a meter los dedos en los ojos y les voy a rozar con mi cabeza la herida abierta de la ceja."Puto el que lee esto."John Irving es una mentira, pero al menos no juega a ser repugnante como Bukowski ni atildadamente pederasta como James Baldwin. Y dice algo interesante uno de sus personajes por ahí, creo que en El mundo según Garp: "Por una sola cosa un lector continúa leyendo. Porque quiere saber cómo termina la historia". Buena, John, me gusta eso. Te están contando algo, querido lector, de eso se trata. Tu amigo Chiquito te está contando, por ejemplo en el club, cómo al imbécil de Ernesto le rompieron el culo a patadas cuando se puso pesado con la mujer de Rodríguez. Vos te tenés que ir, porque tenés que trabajar, porque dejaste la comida en el horno, o el auto mal estacionado, o porque tu propia mujer te va a armar un quilombo de órdago si de nuevo llegás tarde como la vez pasada. Pero te quedás, carajo. Te quedás porque si hay algo que tiene de bueno el sorete de Chiquito es que cuenta bien, cuenta como los dioses y ahora te está explicando cómo el boludo de Ernesto le rozaba las tetas a la mujer de Rodríguez cada vez que se inclinaba a servirle vino y él pensaba que Rodríguez no lo veía. No te podés ir a tu casa antes de que Chiquito termine con su relato, entendelo. Mirás el reloj como buen dominado que sos, le pedís a Chiquito que la haga corta, calculás que ya te habrá llevado el auto la grúa, que ya se te habrá carbonizado la comida en el horno, pero te quedás ahí porque querés eso que el maricón de John Irving decía con tanta gracia: querés saber cómo termina la historia, querido, eso querés.Entonces yo, que soy un literato, que he leído a más de un clásico, que he publicado más de tres libros, que escribo desde el fondo mismo de las pelotas, que me desgarro en cada narración, que estudio concienzudamente cómo se describe y cómo se lee, que me he quemado las pestañas releyendo a Ezra Pound, que puedo puntuar de memoria y con los ojos cerrados y en la oscuridad más pura un texto de setenta y ocho mil caracteres, que puedo dictaminar sin vacilación alguna cuándo me enfrento con un sujeto o con un predicado, yo, señores, premio Cinta de Plata 1989 al relato costumbrista, pese a todo, debo compartir cartel francés con cualquier boludo. Mi libro tendrá, como cualquier hijo de vecino, que zambullirse en las mesas de novedades junto a otros millones y millones de pares, junto al tratado ilustrado de cómo cultivar la calabaza y al horóscopo coreano de Sabrina Pérez, junto a las cien advertencias gastronómicas indispensables de Titina della Poronga y las memorias del actor iletrado que no puede hacer la O ni con el culo de un vaso, pero que se las contó a un periodista que le hace las veces de ghost writer. Y no estaré allí yo para ayudarlo, para decirle al lector pelotudo que recorre con su vista las cubiertas con un gesto de desdén obtuso en su carita: "Éste es el libro. Éste es el libro que debe comprar usted para que cambie su vida, caballero, para que se le abra el intelecto como una sandía, para que se ilustre, para que mejore su aliento de origen bucal, estimule su apetito sexual y se encame esta misma noche con esa potra soñada que nunca le ha dado bola".Y allí estará la frase, la que vale, la que pega. El derechazo letal del Negro Monzón en el entrecejo mismo del tano petulante, el trompadón insigne que sacude la cabeza hacia atrás y hacia adelante como perrito de taxi y un montón de gotitas de sudor, de agua y desinfectante que se desprenden del bocho de ese gringo que se cae como si lo hubiese reventado un rayo. "Puto el que lee esto." Aunque después el relato sea un cuentito de burros maricones como el de Platero y yo, con el Angelus que impregna todo de un color malva plañidero. Aunque la novela después sea la historia de un seminarista que vuelve del convento. Aunque el volumen sea después un recetario de cocina que incluya alimentos macrobióticos.No esperen, de mí, ética alguna. Sólo puedo prometerles, como el gran estadista, sangre, sudor y lágrimas en mis escritos. El apetito por más y la ansiedad por saber qué es lo que va a pasar. Porque digo que es puto el que lee esto y lo sostengo. Y paso a contarles por qué lo afirmo, por qué tengo autoridad para decirlo y por qué conozco tanto sobre su intimidad, amigo lector, mucho más de lo que usted nunca hubiese temido imaginar. Sí, a usted le digo. Al que sostiene este libro ahora y aquí, el que está temiendo, en suma, aparecer en el renglón siguiente con nombre y apellido. Nombre y apellido. Con todas las letras y hasta con el apodo. A usted le digo.
Fuente: Página12 / Ilustración: Carlos Besoain
chau negro... y gracias por todo
jueves 31 de mayo de 2007
aclaración necesaria
Les dejo un abrazo y gracias por seguir dándose una vuelta por aquí.
viernes 20 de abril de 2007
el pastorcito y moreno
La credibilidad es un bien que solo saben ganarse los coherentes. Aquellos que riegan su vida de actos acordes con sus palabras.
En el último tiempo el gobierno eligió barrer con lo que tenía de creíble un organismo que, aunque cuestionado, conservaba una credibilidad ganada a través de decenas de años de aportes de sus técnicos. He sido un gran crítico del INDEC y de sus cifras. He pedido, no sin sorna, que los funcionarios nos dijeran dónde compraban a los precios que informaban porque llenaríamos esos supermercados con largas colas de personas buscando comprar barato, como evidentemente compraban ellos.
Pero el gobierno, tal sus modos y conocidos atropellos, fue por ellos. Con una burda maniobra de desplazamiento de la funcionaria encargada de la medición de precios al consumidor, barrió con el respeto técnico que el organismo autárquico aun conservaba.
El comportamiento más obsceno, de todos los hechos hasta ahora, se imprimió hace unos días. El índice de la canasta básica de alimentos, que marca la línea divisoria entre los que son pobres o caen a ser indigentes en Argentina, pasó de subir más de un 3 % a mostrar una sorprendente e increíble baja. Menos de una semana transcurrió entre que se dió a conocer la primera cifra y se informó de la segunda, "corregida" a las necesidades políticas del momento.
El incremento en las prepagas, la suba del turismo, la siempre ascendente carne, entre otras, estaban entre las primeras y no menos burdas maniobras de los funcionarios que han decidido tomar el INDEC para hacer de sus cifras el paraíso que sueñan. Lástima que la realidad no puede dibujarse de la misma manera.
No hace falta conocer una encuesta en la que los empresarios ubican en un 13,6 % la inflación de 2006 contra el dato inferior a 10 que oficializó el gobierno, solo hace falta ir a un supermercado. Solo es necesario recorrer góndolas para ver los faltantes o los precios por encima de los datos oficializados por el gobierno que son los que terminan conformando la estadística dibujada. El problema es que ya lo siente la calle y la gente. La realidad esta ahí, y cachetea a los imbéciles que creen que pueden dibujarla.
Ojalá puedan controlar la suba de precios, pero parece difícil que lo logren con atropellos y torpezas. Aunque si lo hicieran, para entonces, todo indica que al Secretario de Comercio le pasará lo que al pastorcito en la fábula: no habrá nadie dispuesto a creerle.
Moreno será el pastor. Los pobladores el pueblo. El lobo la inflación. El riesgo mayor es que las ovejas sean este gobierno.
MORENO. Techo a los precios, el riesgo pastor /Imagen La Razón
sábado 14 de abril de 2007
así cualquiera
Soy de los que vive pidiendo gestos de los políticos hacia los ciudadanos. Coherencia entre las palabras que pronuncian y los hechos que llevan a cabo. Entre su forma de vida y las mentiras populistas. Entre lo que dicen y lo que hacen. Claro que es bueno saber distinguir que hay detrás de esos gestos.
Al anunciar que se ponían en marcha las modificaciones al sistema provisional, el Presidente Nestor Kirchner dio el “ejemplo”. Fue el primero en regresar de una AFJP al viejo sistema estatal de reparto. Aquél que en los ’90, cuando él era Gobernador, nuestros políticos nos pedían a gritos abandonar por no equitativo, obsoleto e injusto. “Cada uno juntará el dinero que cobrará cuando ya no trabaje” nos vendieron. Y allí fuimos, varios, muchos, millones. Por estúpidos o por mirar al lado y ver las imágenes de nuestros abuelos que a duras penas llegaban al 15 de cada mes sin pedir dinero a algún miembro de su familia. Por estúpidos o por no querer para nuestro futuro un trato tan ingrato de nuestro Estado luego de toda una vida de laburo. Por estúpidos o porque creímos.
Pero todo cambió. Hoy es “otro” Estado el que nos dice que aquel régimen es malo. Que lo mejor, hoy, es volver al “Estado”. Y para convencernos, nuestro Presidente, dio el ejemplo. "No es un acto de demagogia...”, aseguró mientras firmaba el traspaso. Para luego decir: “Yo creo en la jubilación estatal”. Si realmente siempre creyó en el sistema de reparto, porqué no se quedó allí entonces, donde estaba antes de la llegada de la jubilación privada. Claro que por entonces, nuestro hoy Presidente, era otro. “El mejor alumno”, según supo decir alguna vez Domingo Cavallo, artífice e impulsor del sistema privado en Argentina.
¿Quién debe preocuparse por la jubilación que algún día deberá cobrar?. Los trabajadores que sabemos que, en algún momento de nuestras vidas, dependeremos de ese dinero. Que buscaremos que, tras toda una vida de aportes, nuestro retiro tenga algún tipo de tranquilidad y calma. Entonces: ¿cuál será la decisión más adecuada?... Esa es la pregunta que se hace hoy cualquier empleado que tiene la fortuna de cobrar un sueldo en blanco, algo que no le pasa a casi la mitad de quienes trabajan en argentina.
Pero ese no es el problema del Presidente, el mandatario más millonario que haya tenido la historia argentina. No es el problema del hombre de las decenas de propiedades y las suculentas cuentas bancarias, adentro y afuera. En todo caso, pase lo que pase, él sabe que para entonces ya tiene asegurada una suculenta Jubilación de Privilegio. Así cualquiera da el ejemplo.
De qué se ríen?. Un ejemplo con privilegios /Imagen Clarín.
viernes 13 de abril de 2007
nuevo colaborador
Esta es la transcripción de lo primero que escribió. Un análisis brillante sobre la realidad nacional. Brillante y real. Tan difícil de entender como lo es nuestro país mismo y aun más nuestros gobernantes.
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Cara de... "Sacá rápido que sigo destruyéndote el teclado".
miércoles 11 de abril de 2007
mi abuelo
Mi abuelo fue como mi viejo. Yo estaba en el secundario cuando se fue a vivir a casa enfermo. Aquella, como otras tantas veces, se repuso.
Recuerdo que aquel día, en el que mi mamá me llamó para darme la noticia, empapé el teclado de mi computadora en un interminable llanto lleno de desconsuelo. Pero fue eso, escribir, lo primero que me salió. Aquellas palabras, que hoy cuelgo de mi blog, las publiqué en La Verdad, el Semanario que fundé en mi pueblo, Rauch allá por el ‘98. Salieron solas, como escupidas por el alma, en uno de los días de mayor angustia que pueda recordar.
El viejo no era uno de esos abuelos que se sentara a enseñar a contar historias de vida. Con su manera de vivir fue que me dio los grandes ejemplos. Como aquel que contaba mi vieja, cuando con una caja de zapatos llena de dinero ese médico le pagó la casa que le terminaba de construir. “Tomá Segundina, guardala”, dijo mi abuelo. “¿No lo cuenta don Roque?”, preguntó el doctor. “Usted ya lo contó?”, le retrucó. “Si claro”, respondió el sorprendido médico. “Con eso basta” dijo luego, entregándole el dinero, una fortuna por entonces, a mi abuela.
Cuando él se fue, esto fue lo que me salió escribirle. Mi desahogo en letras.
A MI ABUELO TOTO
3 de Octubre de 2000
Hacía tanto tiempo que le peleabas a ese corazón gastado de tanto vivir, que me cuesta hacer memoria sobre tus primeros grandes achaques. Parece tan lejano aquello que te decía: ‘abuelo, ni se te ocurra morirte hasta que me veas por televisión’. Te acordás viejo?. Parecía tan lejano cuando comencé a estudiar. El sueño de un afiebrado pibe de pueblo que servía para arrancarle una sonrisa a tu cara.
Vos aguantaste. Le peleaste al corazón como le peleaste a la vida siempre que las cosas vinieron torcidas y me viste mil veces por la tele ‘a color’ que vos mismo un día compraste para casa.
Nunca voy a olvidarme viejo que te ibas a acostar a las 7 de la tarde, pero a las 9 y media estabas en la cocina para verme en el primero de mis dos flashes diarios. ‘Te pusiste la misma corbata dos días’ me dijiste un fin de semana. Vaya que si eras un observador de lujo.
Voy a recortarte en casa, en tu pieza, en ‘tu’ cabecera de la mesa, agradeciéndole a Dios una y mil veces haberte podido tener hasta hoy.
Voy a recordarte en tu camión. Con las fotos que me hacías sacar desde pibe arriba de cada pony que paseaba chicos en la ciudad.
Voy a recordarte el día que se murió boby, tu perro, mi primer perro. Vos lo traías en brazos y vos mismo me ayudaste a enterrarlo.
Voy a recordarte por tu promesa de comprar un cajón lleno de bananas que hacías cada vez que con Silvina nos peleábamos por comer la última que quedaba en casa y vos perdías la paciencia ante tanta pelea.
Voy a recordarte maldiciendo una y mil veces a Dios, y a mamá en el mismo acto diciéndote que no lo hagas. Seguramente él ya te habrá pedido explicaciones por tantos exabruptos cuando llegaste a allá arriba.
Voy a recordarte mirándome fijo pero sin decir una sola palabra cuándo ensayábamos con mi pretendida banda de rock del secundario en casa y tus siestas se acortaban.
Voy a recordarte temprano a la mañana, antes de que despunte el sol, cuando yo me levantaba a estudiar con el tiempo justo para algún examen y vos ya estabas con tus últimos mates listo para ir a la obra como todos los días.
Voy a recordarte con tus bisnietos haciendo caballito en uno de tus pies cruzados al lado del calefactor en invierno, como lo hacíamos nosotros cuando éramos chicos. No voy a olvidarme de esa sonrisa en tu cara.
Voy a recordarte honesto y laburador. Con las historias que cuentan el tío, la tía y mamá y que nos hinchan el pecho a tus nietos, pero que pocas veces contaste en primera persona. Para vos ser un tipo honesto no era una hazaña sino la única manera que conociste de encarar la vida.
Voy a recordarte de pocas palabras. De miradas. Sin transas.
Sé que ahora tengo un ángel nuevo para cuidarme junto a la abuela. Prometo no fallarte. Y en cada situación difícil tomar el camino honesto, que no siempre es el más fácil.
Te escribo no porque no te haya dicho esto en vida. Lo hago porque vaya a saber porque extraño motivo quiero expresarlo en letras. Seguramente abuelo, que no supieses leer en vida no debe ser un impedimento para que estas palabras te lleguen allá arriba. Sabé que tus hijos, tus nietos y bis-nietos estamos muy orgullosos de vos. Quienes dejan algo en su paso por la vida no se van cuando mueren, y vos nos dejaste a los tuyos mucho más que una inmensa cantidad de casas construídas. Un abrazo, abuelo. Te quiero.
Tu nieto. Rodhy.
Mi abuelo y yo. Allá lejos y hace tiempo.
martes 10 de abril de 2007
gracias
domingo 8 de abril de 2007
un tipo sin suerte
Buscaba hace solo unos días en inernet críticas referidas a mi trabajo, algo que habitualmente hago para leer y archivar, cuando de pronto me topé con una página en el buscador de blogs llamada primiciastv. Lo extraño era la nota en la que supuestamente aparecía mi nombre. En la breve descripción que aparecía en el buscador se anunciaba que era “yo” el ganador de una encuesta on line. Compréndanme, eso no pasa todos los días. ¡Claro que quería leerla!. No me digan que el resumen no era tentador. Lean:

Tentador, si. Pero también imposible de abrir. Una y otra vez ingresé al link sin que apareciese la bendita encuesta. El texto ya no figuraba en la página.
No soy de rendirme fácilmente, así que hurgué en el blog y en el buscador hasta que apareció la sorprendente denuncia: la encuesta sobre quien era el mejor conductor de noticieros de argentina, encuesta que supuestamente yo ganaba, había sido retirada de la página por sufrir manipulaciones. Guau! dije, manipulaciones de quien?. No pensarán que pude haber sido yo, no?. “De alguien que no se banca perder”, se anunciaba, palabras más, palabras menos, en ese escrito. En vano me pregunté quién podía querer adulterar dicha página y me di por vencido aquel mediodía. 3 días después hallé la simpática encuesta en cuestión que había elevado mi ego, esa que seguramente si buscan ahora no encuentren. Definitivamente, porque para estas cosas soy un tipo sin suerte.
sábado 7 de abril de 2007
era peor
La orden de “despejar” la ruta 22 de Neuquén ya había sido ejecutada. Los docentes se retiraban del puente que Sobisch había prohibido cortar, cuando la policía volvió a la carga. Con la impunidad de aquellos que hacen y deshacen sin ser alcanzados nunca por el brazo justo de la Ley, buscaron que la retirada de la movilización fuese más “rápida”. Los “apuraron” como “apuran” las policías impunes.
Carlos Fuentealba no estaba enfrentando a un efectivo en el momento en que recibió el disparo asesino. Ni siquiera marchando por sobre la cinta asfáltica luego de la fallida protesta. El profesor de química asesinado ocupaba la parte trasera de un Fiat 147 cuando el disparo de gas lacrimógeno perforó la luneta del vehículo y le dio de lleno en su cabeza. La bomba estalló dentro del auto. El resto de los ocupantes salieron como pudieron, asfixiados por la emanación del proyectil. Carlos no reaccionó. Corrieron a sacarlo y fue allí cuando descubrieron la herida. Veinte litros de sangre fueron necesarios transfundirle en una operación de más de 7 horas que resultó inútil ante la gravedad de la lesión.
Apuntando hacia arriba y a no menos de 60 metros de distancia se recomienda disparar este tipo de lanza gases. Se sabe que el efectivo que mató a Fuentealba no estaba a más de 2 metros cuando apretó el gatillo.
Pero no fue un policía más el autor material del homicidio. El sargento Darío Poblete sabe lo que es no cumplir o estar fuera de la ley. El miércoles, cuando disparó contra el profesor de química, tenía dos condenas judiciales encima. En 1997 lo habían condenado por apremios ilegales a un año de prisión y dos de inhabilitación para ser policía. Cumplió la pena y lo reincorporaron. En noviembre pasado, por vejaciones a detenidos, un tribunal lo mandó 2 años a la cárcel. Sin embargo, cinco meses después, seguía siendo policía y portando armas. Laberintos judiciales pueden haberle servido al efectivo para postergar el cumplimiento de la pena, pero no justifican que el gobierno neuquino lo siguiera teniendo entre sus filas sin, al menos, una separación preventiva. Es más, formaba parte del más importante grupo de elite de la fuerza.
Era violento. La justicia dice que ahora es asesino. Era peor, porque quienes debieron controlarlo lo sabían.
Dolor. Sus alumnos en la escuela neuqina /Imágen La Nación.
yo lo soñé
Cuervos. Dante y papá en la cancha.
viernes 6 de abril de 2007
los miserables
Fuentealba. El docente asesinado en Neuquén /Imagen Clarín.



















